Todo enigma camina de la mano de la inquietud entre lo sublime y lo solo ridículo. El ejemplo estrella sigue siendo el que plantearon unos niños al bueno de Homero (hoy toda una estrella en los cines) en estos términos: «Lo que hemos atrapado y matado lo tiramos; lo que no hemos atrapado ni matado, lo llevamos con nosotros». El poeta se quedó pensando si en ese misterio infantil, quién sabe, no se encontraría la clave del mismo conocimiento humano. Más tarde, el propio Heráclito —este filósofo y responsable de la anécdota— hablaría de que el mundo sensible (el que atrapamos y tiramos) no es más que un engaño y que el verdadero saber queda del lado de esas otras certezas inasibles que nos conforman y siempre van con nosotros. O quizá a lo que se referían los críos es simplemente a los piojos. Sublime sin duda. Y ridículo también.
El argentino Iván Fund confecciona una metáfora tan profunda, atmosférica y enigmática como esencialmente inane
Todo enigma camina de la mano de la inquietud entre lo sublime y lo solo ridículo. El ejemplo estrella sigue siendo el que plantearon unos niños al bueno de Homero (hoy toda una estrella en los cines) en estos términos: «Lo que hemos atrapado y matado lo tiramos; lo que no hemos atrapado ni matado, lo llevamos con nosotros». El poeta se quedó pensando si en ese misterio infantil, quién sabe, no se encontraría la clave del mismo conocimiento humano. Más tarde, el propio Heráclito —este filósofo y responsable de la anécdota— hablaría de que el mundo sensible (el que atrapamos y tiramos) no es más que un engaño y que el verdadero saber queda del lado de esas otras certezas inasibles que nos conforman y siempre van con nosotros. O quizá a lo que se referían los críos es simplemente a los piojos. Sublime sin duda. Y ridículo también.
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