Diez cadáveres abandonados en distintos puntos de Zacatecas, cinco de ellos suspendidos de un puente, bastaron para enturbiar la narrativa de un Estado que decía estar dejando atrás los años más oscuros de la violencia. Hay asesinatos que, por su magnitud, trascienden la estadística de la violencia en México y se convierten en un espejo de las relaciones de poder que atraviesan los territorios. Este homicidio múltiple que acabó con la vida de un exalcalde y varios funcionarios y empresarios ha adquirido esa dimensión. Más allá de la investigación judicial, que apuntó inicialmente a la colusión con el crimen organizado de las víctimas, el caso ha abierto una batalla de narrativas en la que confluyen intereses políticos, económicos y criminales.
En el ataque se mezclan células del narcotráfico, intereses económicos y la fragilidad política de un Estado gobernado por el oficialismo que mira a la sucesión
Diez cadáveres abandonados en distintos puntos de Zacatecas, cinco de ellos suspendidos de un puente, bastaron para enturbiar la narrativa de un Estado que decía estar dejando atrás los años más oscuros de la violencia. Hay asesinatos que, por su magnitud, trascienden la estadística de la violencia en México y se convierten en un espejo de las relaciones de poder que atraviesan los territorios. Este homicidio múltiple que acabó con la vida de un exalcalde y varios funcionarios y empresarios ha adquirido esa dimensión. Más allá de la investigación judicial, que apuntó inicialmente a la colusión con el crimen organizado de las víctimas, el caso ha abierto una batalla de narrativas en la que confluyen intereses políticos, económicos y criminales.
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