En apenas tres días de Gobierno, el presidente Abelardo de la Espriella produjo uno de los giros más profundos de la política exterior colombiana desde 1991. El 8 de agosto, Colombia reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental y congeló sus relaciones con la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Dos días después reconoció la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán sirios. Son decisiones de enorme carga política, y ya han generado el previsible torrente de reacciones a favor y en contra. Pero su verdadera importancia —la que suele perderse en el ruido— aparece cuando se examinan a la luz del derecho internacional vigente.
Con las dos decisiones, el país corre el riesgo de perder su capacidad para presentarse como actor neutral o equilibrado en escenarios multilaterales
En apenas tres días de Gobierno, el presidente Abelardo de la Espriella produjo uno de los giros más profundos de la política exterior colombiana desde 1991. El 8 de agosto, Colombia reconoció la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara Occidental y congeló sus relaciones con la República Árabe Saharaui Democrática (RASD). Dos días después reconoció la soberanía de Israel sobre los Altos del Golán sirios. Son decisiones de enorme carga política, y ya han generado el previsible torrente de reacciones a favor y en contra. Pero su verdadera importancia —la que suele perderse en el ruido— aparece cuando se examinan a la luz del derecho internacional vigente.
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