El 7 de agosto de 2022, la ceremonia de posesión presidencial en Colombia se detuvo por largos minutos después del juramento del presidente Gustavo Petro porque su primera orden fue que trasladaran al lugar la espada de Bolívar. El presidente saliente Iván Duque había negado el permiso para ese traslado, argumentando razones de seguridad. Cuatro años después el ahora presidente saliente se niega a autorizar que se prepare la posesión en una guarnición militar como quiere hacerlo el presidente electo Abelardo de la Espriella. Más allá de los caprichos presidenciales, lo triste es que los símbolos de la guerra siguen marcando la política y eso no es bueno para una democracia.
Cuando un país está en modo guerra las lógicas cambian, se vive en clave de supervivencia y la prioridad es eliminar al enemigo
El 7 de agosto de 2022, la ceremonia de posesión presidencial en Colombia se detuvo por largos minutos después del juramento del presidente Gustavo Petro porque su primera orden fue que trasladaran al lugar la espada de Bolívar. El presidente saliente Iván Duque había negado el permiso para ese traslado, argumentando razones de seguridad. Cuatro años después el ahora presidente saliente se niega a autorizar que se prepare la posesión en una guarnición militar como quiere hacerlo el presidente electo Abelardo de la Espriella. Más allá de los caprichos presidenciales, lo triste es que los símbolos de la guerra siguen marcando la política y eso no es bueno para una democracia.
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