En su libro Castigar, Didier Fassin cuenta que Kalief Browder estuvo 1.000 días privado de la libertad en Rikers Island, la reina de ese despropósito conocido como las megacárceles. Rikers es un complejo de 10 establecimientos que se extiende a lo largo y ancho de una isla de cuarenta hectáreas en la ciudad de Nueva York. En su esplendor punitivo, Rikers encerró a 21.688 personas custodiadas por un aparato de casi diez mil funcionarios. El presupuesto necesario para que este monstruo funcionara era de 860 millones de dólares al año. Kalief Browder, según cuenta Fassin, pasó dos tercios de sus 1.000 días en aislamiento solitario. Durante el tercio restante, recibió continuas palizas y vejaciones. Desesperado, y con apenas 20 años, intentó quitarse la vida varias veces.
Kalief Browder podría ser cualquiera de nosotros. Alguien engullido y triturado por esta máquina de devastación que se nos presenta como uno de los pilares de la política criminal del nuevo gobierno. Las megacárceles necesitan encarcelamiento masivo
En su libro Castigar, Didier Fassin cuenta que Kalief Browder estuvo 1.000 días privado de la libertad en Rikers Island, la reina de ese despropósito conocido como las megacárceles. Rikers es un complejo de 10 establecimientos que se extiende a lo largo y ancho de una isla de cuarenta hectáreas en la ciudad de Nueva York. En su esplendor punitivo, Rikers encerró a 21.688 personas custodiadas por un aparato de casi diez mil funcionarios. El presupuesto necesario para que este monstruo funcionara era de 860 millones de dólares al año. Kalief Browder, según cuenta Fassin, pasó dos tercios de sus 1.000 días en aislamiento solitario. Durante el tercio restante, recibió continuas palizas y vejaciones. Desesperado, y con apenas 20 años, intentó quitarse la vida varias veces.
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