El icónico Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), en el corazón de Santiago, no está terminado. Desde hace siete años que, por distintos motivos -inundación, estallido social, pandemia, entre otros-, la segunda etapa del edificio diseñado por el arquitecto Cristián Fernández está varada. A comienzos de marzo, sin embargo, hubo una señal de esperanza para la comunidad. Tras finalizar el proceso de licitación en la recta final del Gobierno del izquierdista Gabriel Boric, se reactivó la construcción del edificio restante, que ampliaría la superficie de 22.000 a 37.000 metros cuadrados. El mayor atractivo sería una gran sala para artes escénicas con tecnología de punta y capacidad para 2.500 espectadores, otorgándole una estampa de categoría mundial al espacio dedicado a la cultura. Pero los trabajos duraron poco: 45 días después, el recién asumido Gobierno de José Antonio Kast paralizó las obras argumentando falta de presupuesto para un proyecto millonario en un contexto de estrechez fiscal heredado de la Administración anterior. Desde entonces, se ha instalado un debate público sobre la decisión, donde el grueso del mundo de la cultura y la oposición ha criticado la falta de visión del Ejecutivo. Incluso la constructora a cargo del proyecto lo ha criticado por “sembrar un manto de dudas sobre el proceso de adjudicación”.
La Administración de derecha argumento falta de presupuesto y otras prioridades, convirtiendo al icónico edificio en un elefante blanco en el centro de Santiago
El icónico Centro Cultural Gabriela Mistral (GAM), en el corazón de Santiago, no está terminado. Desde hace siete años que, por distintos motivos -inundación, estallido social, pandemia, entre otros-, la segunda etapa del edificio diseñado por el arquitecto Cristián Fernández está varada. A comienzos de marzo, sin embargo, hubo una señal de esperanza para la comunidad. Tras finalizar el proceso de licitación en la recta final del Gobierno del izquierdista Gabriel Boric, se reactivó la construcción del edificio restante, que ampliaría la superficie de 22.000 a 37.000 metros cuadrados. El mayor atractivo sería una gran sala para artes escénicas con tecnología de punta y capacidad para 2.500 espectadores, otorgándole una estampa de categoría mundial al espacio dedicado a la cultura. Pero los trabajos duraron poco: 45 días después, el recién asumido Gobierno de José Antonio Kast paralizó las obras argumentando falta de presupuesto para un proyecto millonario en un contexto de estrechez fiscal heredado de la Administración anterior. Desde entonces, se ha instalado un debate público sobre la decisión, donde el grueso del mundo de la cultura y la oposición ha criticado la falta de visión del Ejecutivo. Incluso la constructora a cargo del proyecto lo ha criticado por “sembrar un manto de dudas sobre el proceso de adjudicación”.
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