Un fantasma recorre América y no es el comunismo que mienta Trump haciendo eco de la célebre y caduca primera línea del Manifiesto publicado por Marx y Engels en el siglo XIX. En realidad, se trata de un brote masivo de ciclosporiasis que se conoce popularmente como “diarrea explosiva” por la instantánea revelación de sus flujos y efluvios. Sucede que el consumo de verduras crudas y sin lavar o desinfectar (consumidas con la ayuda de manos igualmente sin lavar y ajenas ya al gel que se volvió costumbre en la pasada pandemia) provocan evacuaciones incontrolables, abundantes y repentinas con evidente castigo al chico, cólicos antes durante y después y una pesadísima fatiga.
En no pocos estados de la mal llamada Unión Americana se esparce una explosión escatológica forma parte esencial de esta nación
Texto en el que el autor aboga por ideas y saca conclusiones basadas en su interpretación de hechos y datos
En no pocos estados de la mal llamada Unión Americana se esparce una explosión escatológica forma parte esencial de esta nación


Un fantasma recorre América y no es el comunismo que mienta Trump haciendo eco de la célebre y caduca primera línea del Manifiesto publicado por Marx y Engels en el siglo XIX. En realidad, se trata de un brote masivo de ciclosporiasis que se conoce popularmente como “diarrea explosiva” por la instantánea revelación de sus flujos y efluvios. Sucede que el consumo de verduras crudas y sin lavar o desinfectar (consumidas con la ayuda de manos igualmente sin lavar y ajenas ya al gel que se volvió costumbre en la pasada pandemia) provocan evacuaciones incontrolables, abundantes y repentinas con evidente castigo al chico, cólicos antes durante y después y una pesadísima fatiga.
En no pocos estados de la mal llamada Unión Americana se esparce —una vez más— la explosión escatológica que también forma parte esencial del experimento de nación fundada desde hace dos siglo y medio. Benjamín Franklin tuvo la iluminada sapienza de exhortar a los primeros ciudadanos del recién independizado país a sentir una orgullosa normalidad ante sus flatulencias, pedorrearse sin pedos (dirían en Nueva España), pero el paso de los siglos demuestra ahora que el imperio se encuentra entre la nostálgica resignación del “shit happens” (tácita aceptación de que de vez en cuando todo es o puede ser una mierda) y el asombroso desequilibrio en la balanza del excremento mental: se vive un superávit inimaginable (y por ende, inédito) de Bullshit con mayúscula no sólo cada vez que intenta hablar Donald J. Trump sino en todas y cada una de las dizque explicaciones o justificaciones con las que su ejército de sicofantes intentan evitar cualquier Verdad que atente contra su amplia cuadrícula de Mentiras.
En Gringolandia creen que el actual brote del parásito Cyclospora cayetanensis se origina principalmente por el consumo de lechugas con mugre, cilantro con microbio o rábano raído. La cadena de tacos gringos Taco Bell decidió cancelar temporalmente algunos de los ingredientes de su menú como medida de prevención, pero uno se pregunta si tal asepsia no arruina precisamente la experiencia mexicana que desean los clientes de ese menú donde han tergiversado la tortilla de los tacos en una tostada predoblada que parece chalupa con salsitas más cercanas a la kétchup que al chile de adeveras. Es decir, sin diarrea no hay Xochimilco y la actual explosión diarreica del vecino del Norte permite que ahora sí sepan de qué lado masca la iguana, ponderando de renovada manera la Venganza de Moctezuma.
La actual epidemia de diarrea explosiva quizá justifica los abultados pañales de Trump, aunque se sabe que sus edípicos problemas de incontinencia urinaria, su pútrida pasión pederasta y su eyaculación precoz (según Stormy Daniels) vienen de atrás tiempo, obligando a cobardes sicofantes y obligados simpatizantes a fingir falta de olfato en su cercanía. En este verano de explosivas evacuaciones se hace caso omiso del ligero estertor de la flatulencia presidencial, se finge demencia ante el olor que emana de su istafiate y se da por hecha la inundación estercolera con la que se intromete hasta en la FIFA para cancelar por capricho una tarjeta roja o repetir 37 o 62 veces la declaración de un triunfo militar en una guerra que se considera oficialmente terminada y en vías de negociación pacífica para volver a su explosión horas después (tal como sucede con la olímpica sucesión de carreritas al baño) y muy tristemente también es esa misma diarrea la que riega la descarada clonación del ICE con la Gestapo Nazi.
No se ha dicho lo suficiente de que el mentado parásito cayetanensis y todos los males intestinales de él derivados se deben a la presencia más o menos microscópica de materia fecal en las verduras o legumbres contaminadas y consumidas sin cuidado… hasta que el inodoro como trono se parezca mucho a la silla eléctrica. Entonces sí, en la enésima sentada de desahogo, el enfermo se vuelve filósofo y científico, más activo en redes sociales y asombrado por la fugacidad infinitesimal del destino, la cadena alimenticia y la industria del papel higiénico. La diarrea explosiva justifica el viejo adagio madrileño (contado como chiste) de aquél que argumentaba que el chorrillo estomacal era más rápido que la velocidad de la luz, pues apenas se siente el torzón en el vientre, uno se levanta como rayo a encender la luz… ¡y ya se ha cagao!
Ergo, hay visos de que la explosiva diarrea que inunda por estos días a una gran parte de los Estados Unidos de Norteamérica trascienda sus fronteras y se regodeé en México, donde tenemos claras muestras como análisis clínicos (nunca mejor dicho) de verborrea fecal, improvisación flatulenta y muchas prisas frustradas.
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