El Gobierno del laborista Andy Burnham está dispuesto a romper una política sostenida por Londres durante décadas y ofrecer una disculpa formal a las naciones de la Commonwealth por la participación del Imperio Británico en el comercio de esclavos. Pero no será el rey Carlos III el encargado de transmitir ese arrepentimiento. El monarca ha dicho a los líderes congregados en la Reunión de Jefes de Gobierno de la Commonwealth (CHOGM, en sus siglas en inglés), celebrada en Antigua y Barbuda este martes, que la esclavitud, un “vergonzoso capítulo de la historia [del Reino Unido]”, inunda “su corazón de horror y su alma con el dolor más profundo y personal”, pero no ha pasado de ese lamento.
El primer ministro británico, dispuesto por primera vez a pedir una disculpa formal
El Gobierno del laborista Andy Burnham está dispuesto a romper una política sostenida por Londres durante décadas y ofrecer una disculpa formal a las naciones de la Commonwealth por la participación del Imperio Británico en el comercio de esclavos. Pero no será el rey Carlos III el encargado de transmitir ese arrepentimiento. El monarca ha dicho a los líderes congregados en la Reunión de Jefes de Gobierno de la Commonwealth (CHOGM, en sus siglas en inglés), celebrada en Antigua y Barbuda este martes, que la esclavitud, un “vergonzoso capítulo de la historia [del Reino Unido]”, inunda “su corazón de horror y su alma con el dolor más profundo y personal”, pero no ha pasado de ese lamento.
Burnham, que ha acompañado al rey a la reunión, quiere preservar la neutralidad institucional del rey y que la potencial disculpa sea un acto político asumido y desplegado por su Gobierno. El primer ministro británico ha dicho estos días que está dispuesto a iniciar una conversación con los países de la Commonwealth para negociar los términos adecuados de una petición oficial de perdón, pero ha descartado que ese paso adelante se vaya a traducir en reparaciones económicas.
Hasta ahora, Downing Street tenía el temor de que un reconocimiento oficial abriera la vía a reclamaciones multimillonarias judiciales que resultarían difíciles de asumir por el Tesoro británico. Algunas estimaciones, como la de la Universidad de las Indias Occidentales, han llegado a apuntar a gasto en reparaciones de más de 21.000 millones de euros.
En segundo lugar, la línea política defendida por sucesivos gobiernos británicos (el último, hace apenas un año, el del exprimer ministro laborista, Keir Starmer) ha sido la de mirar hacia los retos futuros que comparten las naciones de la Commonwealth y dejar atrás el pasado. En repetidas ocasiones se han utilizado fórmulas retóricas como la de “expresar el dolor ante el horror de la esclavitud”, pero sin llegar a la petición formal de disculpas que abriría la puerta a un reconocimiento de responsabilidad legal.
Burnham se muestra ahora dispuesto a ir un poco más allá, pero asegurando que no se abran las puertas a interminables litigios financieros.
“Creemos que lo correcto es que una disculpa formal sea discutida de manera apropiada con los países y las comunidades afectadas, en vez de decidir nosotros unilateralmente cuál debería ser el formato de ese perdón. Algo de tanta relevancia necesita construirse con la información aportada por los ciudadanos y países que lo han reclamado”, ha dicho un portavoz del Gobierno británico.
El ministro de Exteriores británico, Ed Miliband, que se incorporó a la gira oficial de Carlos III y la reina Camilla en su parada en Guyana, ya anticipó en un vídeo publicado en redes sociales la estrategia del Gobierno de Burnham: “La esclavitud transatlántica fue un capítulo horrible de nuestra historia. Fue una violación brutal y bárbara de la humanidad de millones de personas, cuyo legado todavía se siente hoy”, describía el ministro. “No podemos cambiar el pasado, pero sí afrontarlo con honestidad. Escuchar a aquellos países y comunidades que sufren aún ese legado, algunas en el propio Reino Unido, y construir relaciones más firmes para el futuro”, añadía, para anunciar de inmediato “un diálogo estructurado y formal” sobre la esclavitud, que incluya “una disculpa formal, a la que el Gobierno británico se muestra abierto”, anunciaba.
Culpable y redentor
Carlos III ha buscado un supuesto equilibrio en su discurso, al añadir a la expresión de su dolor por la esclavitud un elogio a la decisión del Reino Unido, siglos después, de combatir esa atrocidad. “La historia también nos enseña que la maldad no tiene por qué tener la última palabra. Carácter y valentía se pueden combinar para superar una injusticia tan monstruosa, como así ocurrió cuando se tomó la determinación de poner fin al tráfico internacional de esclavos, una decisión en la que la Marina Real asumió un papel de liderazgo”, ha señalado el monarca británico.
Entre los siglos XIV y XIX se calcula que 12,5 millones de personas fueron capturadas y sacadas del continente africano. Al menos 3,5 de ella fueron responsabilidad del Imperio Británico.
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