En Colombia, el precio del dólar domina las conversaciones de calle hace semanas, y desde el pasado viernes ronda los pasillos técnicos del Banco de la República. La mayoría de la Junta Directiva no solo sorprendió al mantener la tasa de interés quieta en el 12%, cuando el consenso esperaba un incremento de al menos 50 puntos básicos, sino también al anunciar un programa para comprar hasta 4.000 millones de dólares con el objetivo de engrosar las reservas internacionales del país, que rondan los 67.000 millones de dólares. Alejandro Rojas, analista del Banco de Bogotá, considera que esa operación trasciende el blindaje monetario, pues sostiene que las reservas ya están dentro del rango óptimo que recomienda el Fondo Monetario Internacional, y que el objetivo es “aminorar o contener la velocidad de pérdida de valor del dólar”. En otras palabras, luchar contra la revaluación del peso. Tras la subasta de este lunes, el peso retrocedió más del 2%, en una sesión volátil que llegó a tocar picos de depreciación superiores al 4% durante la jornada.
Analistas y académicos coinciden en que, tras el argumento de fortalecer las reservas, se busca contener la revaluación
En Colombia, el precio del dólar domina las conversaciones de calle hace semanas, y desde el pasado viernes ronda los pasillos técnicos del Banco de la República. La mayoría de la Junta Directiva no solo sorprendió al mantener la tasa de interés quieta en el 12%, cuando el consenso esperaba un incremento de al menos 50 puntos básicos, sino también al anunciar un programa para comprar hasta 4.000 millones de dólares con el objetivo de engrosar las reservas internacionales del país, que rondan los 67.000 millones de dólares. Alejandro Rojas, analista del Banco de Bogotá, considera que esa operación trasciende el blindaje monetario, pues sostiene que las reservas ya están dentro del rango óptimo que recomienda el Fondo Monetario Internacional, y que el objetivo es “aminorar o contener la velocidad de pérdida de valor del dólar”. En otras palabras, luchar contra la revaluación del peso. Tras la subasta de este lunes, el peso retrocedió más del 2%, en una sesión volátil que llegó a tocar picos de depreciación superiores al 4% durante la jornada.
La comisionista de bolsa Acciones & Valores llega a una lectura parecida: el nuevo programa introduce una demanda estructural de dólares, con lo que el Emisor “fija un piso técnico para la divisa”. El peso acumula una revaluación del 15% en lo corrido del año y más del 23% en los últimos 12 meses, lo que ha golpeado los ingresos de los exportadores. Entre las múltiples razones que señalan los analistas para ello, destacan el endurecimiento de la política monetaria. Y es que el diferencial del precio del dinero entre Colombia y Estados Unidos se ha agrandado hasta un 8,4%, lo que alienta la estrategia especulativa llamada carry trade: pedir prestado en dólares baratos para invertirlos en el país andino. Hernando Zuleta, decano de la Facultad de Economía de la Universidad de los Andes, considera que parte de la apuesta del Emisor “es luchar contra la apreciación”.
Primero hay que entender en qué consiste la operación que ha lanzado el Banco este mismo lunes. El instrumento es una opción put que funciona, en esencia, como una póliza de seguro: le da a los bancos comerciales el derecho, no la obligación, de venderle dólares al Banco de la República, pero solo en los días en que la tasa de cambio esté por debajo de su promedio móvil de los últimos 20 días hábiles. Es decir, si el dólar está barato frente al mes anterior, los bancos pueden vender; si no baja lo suficiente, pierden el dinero que pagan por participar, como cualquier seguro que no se usa. La subasta de este lunes fue por un cupo de 400 millones de dólares, ejercibles entre los días restantes del mes. La demanda casi duplicó lo ofrecido: 37 entidades —31 bancos comerciales, 5 corporaciones financieras y una comisionista de bolsa— presentaron ofertas por 877,5 millones de dólares; el Banco aprobó el cupo completo. La prima de corte —lo que pagaron los bancos por el derecho a vender— quedó en 13.000 pesos por cada 1.000 dólares. Con este mismo esquema, el Banco acumuló en 2024 cerca de 1.500 millones de dólares.
¿Quién gana y quién pierde con esto? El Banco gana reservas —su objetivo declarado— y se queda con las primas. Los bancos comerciales ganan certeza, al tener asegurado un comprador a la TRM oficial en los días en que el peso se revalúa con fuerza, en lugar de tener que rematar sus dólares en un mercado al contado donde muchos otros también quieren vender, y así terminar malvendiendo. El riesgo para el Emisor es de oportunidad: si compra dólares hoy y estos se abaratan aún más después, termina pagando de más. Si el banco comercial nunca ejerce la opción —porque prefiere el mercado abierto, o porque el dólar no baja lo suficiente—, pierde la prima.
Felipe Campos, gerente de Estrategia e Investigaciones Económicas de Alianza Valores y Fiduciaria, escribió en X que el Banco está interviniendo el dólar “por ambas bandas”. La lógica es que mantener la tasa quieta, en lugar de subirla, resta atractivo al carry trade, mientras que la compra de dólares aumenta la demanda de billetes verdes. Zuleta dice que la decisión del Emisor de llamarlo “acumulación de reservas” y no “intervención cambiaria” no es casualidad. Si el Banco admitiera abiertamente que defiende un nivel cambiario, pondría en duda su compromiso con el régimen de tasa de cambio flexible que rige desde 1999, el mismo año en el que se implantó el esquema de inflación objetivo.
Aunque acumular reservas da confianza a los acreedores internacionales, nada está exento de riesgos. Andrés Giraldo, profesor del Departamento de Economía de la Pontificia Universidad Javeriana, señala dos riesgos. El primero es que la tasa de cambio no reaccione. Los 400 millones de dólares mensuales que anunció el Banco son una cifra modesta en un mercado cambiario que mueve miles de millones de dólares al día, así que nada garantiza que la compra frene la revaluación a largo plazo. El segundo riesgo, inflacionario, es más técnico: cada vez que el Emisor compra dólares, paga con pesos, lo que aumenta la cantidad de dinero circulando en el sistema financiero. Si hay más pesos disponibles y la demanda de crédito se mantiene, su precio —la tasa de interés— tiende a bajar, siguiendo la lógica de oferta y demanda. Para evitarlo, el Banco debe retirar de circulación una cantidad equivalente de pesos por otra vía, casi siempre vendiendo bonos, los llamados TES, en un proceso conocido como esterilización. Si se hace a medias, el exceso de pesos, advierte Giraldo, puede presionar los precios al alza.
El argumento de la revaluación pesó, sobre todo, en el voto de quien —se especula— hizo bisagra, así el equipo técnico del Banco hubiera revisado al alza sus proyecciones de inflación (de 6,4% a 6,9%) y de crecimiento (de 2,4% a 2,5%) para 2026, lo que técnicamente respaldaba subir la tasa. En las subidas de este año, la votación también había sido de cuatro a tres, con el saliente ministro de Hacienda, Germán Ávila, Laura Moisá y César Giraldo del lado del Gobierno, buscando no subir o incluso recortar. El viernes, uno de los cuatro que venían votando con el bloque “halcón” se sumó a ellos. Tanto Campos, de Alianza Valores, como Rojas, del Banco de Bogotá, ven en Olga Lucía Acosta la más probable responsable de ese giro, aunque lo dejan como una sospecha.
La decisión, además, ha alimentado el argumento de sectores del Gobierno saliente de que el Banco actúa por cálculo político y no técnico, un riesgo reputacional que se suma a los que señala Giraldo. Más allá de quién dio el giro, la imprevisibilidad del Banco ha aumentado. En 20 años y 216 reuniones, el Emisor ha sorprendido al mercado el 22% de las veces; en las últimas 14 reuniones, esa proporción subió a 57%; y en lo que va de 2026, ya son cuatro sorpresas en cinco reuniones (un 80%). En la coyuntura actual, Rojas insiste en que “las decisiones futuras serán algo más difíciles de prever”.
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