Raimundo Orsi llegó al Santiago National a los 42 años, cargando dos finales mundiales en los bolsillos: la medalla de subcampeón con Argentina en 1930 y la de campeón con Italia en 1934, el único jugador en la historia en disputar finales del mundo con dos selecciones distintas. Vino a Chile y nadie demasiado importante lo fue a buscar al aeropuerto. Jugó y se quedó para siempre. Hace algunos días llegó a Santiago Vozinha, un arquero de trayectoria humilde pero presente esplendoroso. Fue elegido el mejor arquero del Mundial de 2026, los campeones españoles no pudieron hacerle un gol y llevó al extremo a la Argentina de Messi, que solo pudo ganarle en la agonía. Llega a defender a Colo Colo, con 40 años y en la última milla de su ahora estridente carrera.
Con la llegada a Chile de Vozinha, de 40 años, el grupo de célebres mundialistas que vinieron a terminar su carrera en el torneo local se incrementa, aunque sus antecesores lo hicieran cuando ya el olvido se cernía sobre su estrella
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Con la llegada a Chile de Vozinha, de 40 años, el grupo de célebres mundialistas que vinieron a terminar su carrera en el torneo local se incrementa, aunque sus antecesores lo hicieran cuando ya el olvido se cernía sobre su estrella

Raimundo Orsi llegó al Santiago National a los 42 años, cargando dos finales mundiales en los bolsillos: la medalla de subcampeón con Argentina en 1930 y la de campeón con Italia en 1934, el único jugador en la historia en disputar finales del mundo con dos selecciones distintas. Vino a Chile y nadie demasiado importante lo fue a buscar al aeropuerto. Jugó y se quedó para siempre. Hace algunos días llegó a Santiago Vozinha, un arquero de trayectoria humilde pero presente esplendoroso. Fue elegido el mejor arquero del Mundial de 2026, los campeones españoles no pudieron hacerle un gol y llevó al extremo a la Argentina de Messi, que solo pudo ganarle en la agonía. Llega a defender a Colo Colo, con 40 años y en la última milla de su ahora estridente carrera.
La lista es larga y tiene algo de catálogo de museo. Ángel Labruna, gran figura de River Plate y de la Argentina del 58, terminó su carrera en Rangers de Talca con 42 años, en la misma ciudad donde el vino tiene más historia que el fútbol. Zizinho, el extremo que Pelé señalaba como el mejor jugador que había visto en su vida, salió del retiro para venir a jugar al Audax Italiano con 40 años, como si Chile fuera el único lugar del planeta donde uno puede despedirse sin dar mayores explicaciones. René Housemann, campeón del mundo en Argentina 78, llegó a Colo Colo a los 32 con fama de loco y gambeta embriagadora. Mario Alberto Kempes, la gran figura de ese mismo Mundial, el hombre que metió dos goles en la final ante Holanda, se retiró definitivamente en Fernández Vial a los 42, en una cancha de Concepción que lo recibió con el mismo respeto que el Monumental de River. Luis Cubilla, mundialista uruguayo en tres ocasiones, actuó en Santiago Morning a los 35. Ermindo Onega, seleccionado argentino en el 66, cerró en La Serena. Ladizlao Mazurkiewitz, legendario arquero uruguayo, vino a los 34 a defender el pórtico de Cobreloa. El fútbol chileno no los buscó con grandes contratos ni con conferencias de prensa multitudinarias. Simplemente los recibió, que a veces es más que suficiente.
Ahora llega, con fanfarria, Vozinha. Cuarenta años, apodo de abuelita, unos 30 millones de seguidores en Instagram y un contrato con Colo Colo que incluye la promesa de la Copa Libertadores 2027. Es el mundialista más famoso que ha pisado suelo chileno en este siglo, y probablemente el primero en llegar con ese nivel de exposición global. La diferencia es que los anteriores venían cuando el mundo ya los había olvidado un poco. Vozinha viene disfrutando su mundial inolvidable, con el trofeo al mejor arquero todavía en la maleta. Chile, que durante décadas recibió a los grandes en el ocaso, esta vez se quedó con uno en el cénit tardío, como alguna vez pasó con Claudio Borghi, Marcelo Trobbiani y Carlos Daniel Tapia, suplentes de lujo de Maradona en México ’86 y que tardaron poco en probar las canchas nacionales.
La diferencia entre los que vinieron antes y la mediática explosión que despertó el de Cabo Verde es que llega en un escuálido mercado de invierno para el fútbol chileno, y que debería postergar a un arquero de menos de veinte años que prometía crecimiento, un debate que antes no existía. Tampoco ahora en las ligas más avanzadas que ven estas incorporaciones como una oportunidad para proyectarse y crecer, como se ve en el fútbol de medio oriente y antes en Japón, donde las grandes estrellas en el ocaso llegaban para vivir plácidamente sus últimas jornadas.
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