La polémica en torno a los programas de embellecimiento urbano de cara al mundial impulsados por la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, se ha centrado en un asunto de gusto. En las redes sociales, en la sobremesa de los restaurantes, en las casas, se critica el uso masivo del color morado en los puentes y el abuso de la figura del ajolote como algo excesivo y chabacano. El Gobierno de la ciudad ha defendido estas medidas como una estrategia para dotar a la Ciudad de México de una identidad visual propia, inspirada en un símbolo emblemático de Xochimilco. Sostiene que el ajolote representa la biodiversidad, la resistencia y el orgullo local, además de fortalecer el sentido de pertenencia comunitaria. Y del color morado, Brugada dijo que no era un asunto partidista, sino un símbolo de la lucha histórica de las mujeres.
Hay que preguntarse si hay criterios urbanísticos objetivos para juzgar esta política de embellecimiento de ajolotes y la pintura morada por toda Ciudad de México
La polémica en torno a los programas de embellecimiento urbano de cara al mundial impulsados por la jefa de Gobierno de la Ciudad de México, Clara Brugada, se ha centrado en un asunto de gusto. En las redes sociales, en la sobremesa de los restaurantes, en las casas, se critica el uso masivo del color morado en los puentes y el abuso de la figura del ajolote como algo excesivo y chabacano. El Gobierno de la ciudad ha defendido estas medidas como una estrategia para dotar a la Ciudad de México de una identidad visual propia, inspirada en un símbolo emblemático de Xochimilco. Sostiene que el ajolote representa la biodiversidad, la resistencia y el orgullo local, además de fortalecer el sentido de pertenencia comunitaria. Y del color morado, Brugada dijo que no era un asunto partidista, sino un símbolo de la lucha histórica de las mujeres.
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