No es solo un discurso. Es mucho más. La dura pieza de oratoria de la presidenta Claudia Sheinbaum el domingo en el Monumento a la Revolución no se puede entender aislado. Es solo una pieza de un engranaje que galvaniza al régimen.
La presidenta activó el domingo el modo electoral obradorista, pues comenzó una campaña permanente donde ella será tan estratega como operadora
No es solo un discurso. Es mucho más. La dura pieza de oratoria de la presidenta Claudia Sheinbaum el domingo en el Monumento a la Revolución no se puede entender aislado. Es solo una pieza de un engranaje que galvaniza al régimen.
Abril de 2026 es la fecha del apretón radical de la segunda presidencia del obradorismo. La autoridad de Sheinbaum se vio retada por dos hechos en apariencia inconexos, que en el fondo, no lo son tanto. La CIA y el Departamento de Justicia de Estados Unidos le hicieron ver su suerte.
A mediados de ese mes, en Chihuahua dos agentes de la CIA murieron tras un operativo cuya verdad sigue en disputa. A finales de abril, desde Nueva York llegó la acusación por narco contra el gobernador Rubén Rocha, un senador, el alcalde de Culiacán y un general que estuvo al frente de la seguridad sinaloense, entre otros. Hoy sabemos qué hizo Claudia tras eso: blindarse.
La presidenta realineó estrategia y objetivo. El segundo tercio de su sexenio se tratará de resistir la injerencia de Donald Trump en las elecciones de 2027, y de contener la pretensión de Washington de socavar su capacidad de gobernar, incluyendo la sucesión presidencial. El primer paso de la estrategia fue legal; usó al Congreso para crear un escudo.
En mayo, Sheinbaum ideó y creó una nueva causal de nulidad electoral. En un atropellado proceso legislativo, y no solo por el tiempo récord en que el Congreso de la Unión y los de los estados lo tramitaron, la presidenta se hizo de dos comodines legales que matarán cualquier candidatura en la que sospeche apoyo del exterior, que es una forma coloquial de no llamar al Tío Sam por su nombre.
La treta no vino sola. Los remedios efectivos han de incluir trapito, y este removedor será encomendado a las instancias electorales. Claudia necesita que el INE le sirva de coladera, y el Tribunal Electoral del Poder Judicial de tapadera. En el Instituto Nacional Electoral tiene control absoluto, y a los magistrados el mes pasado les regaló la oportunidad de eternizarse a la Fidel Velázquez. Qué baratos salen.
Así, para junio, nueva ley y órganos electorales cebados daban nuevos márgenes al Gobierno para descarrilar antes o después, según sea el caso, candidaturas que no encuadren con la visión presidencial de lo que conviene a la patria en un tiempo, es cierto, ahíto de injerencismo de la Casa Blanca en elecciones en Latinoamérica.
Muy atrás quedó la presidenta que no pudo sacar una reforma electoral. Hoy sus prioridades son otras, y su efectividad también. Construye todo un andamiaje que fortifique a Morena, junto con los aliados de ocasión, en la batalla que se libra desde ya, una que implica mucho más que elecciones: de por medio está la vigencia del obradorismo en el poder, en la historia.
El acto de Claudia en la plaza de la República tuvo invitados especiales. Destacaron ministras y ministros de la Suprema Corte, incluido ni más ni menos que su actual presidente, Hugo Aguilar. Luego de hablar de una conjura mundial contra ella, la presidenta pidió a los reunidos comprometerse a defender la soberanía y al pueblo de los agentes económicos. Los jueces no brillaron por su silencio.
¿Las ministras y ministros presentes en un acto que fue de partido de Estado serán ariete contra la oposición en los futuros procesos electorales? Como dijera la presidenta el domingo, no es esta una pregunta retórica, pues ese día los titulares de la Corte votaron con el cuerpo: están con Claudia, están con la defensa de Claudia a los diez de Sinaloa, están en contra de quien no esté con Claudia…
En su discurso dominical, la mandataria advirtió de perniciosas campañas a través de redes sociales. La responsable del Gobierno de México no habló de la inteligencia artificial, cosa de suyo urgente y donde el país no pesa en un debate universal, sino de desinformación que dentro y fuera de México se opera, dijo, en contra de ella y su Administración. Así que, resuelto lo legal, Claudia va por lo mediático.
He ahí la dimensión de lo que haría Luisa María Alcalde, su consejera jurídica desde hace un mes. Sheinbaum demanda una turbina de contrainformación en su intento de atajar campañas que la mañanera no contenga. Una dinámica vocería, ella que no nombró hasta hoy vocero oficial, es el real encargo de Alcalde, campo en el que tiene callo. Luisa María se encargará, como se dice, de la campaña de aire.
Porque la campaña de tierra ya venía afinándose. Ahora en el partido están dos profesionales todo terreno de la movilización electoral que, dicho en clave de Morena, incluye el engarce sincrónico entre programas sociales y clientelas para abonar votos al partido. Ariadna Montiel, nueva presidenta de Morena, hará mancuerna con Citlalli Hernández para dejar atrás los incendios por egos y operar territorio.
Esa convocatoria de la presidenta a recorrer pueblos y plazas para informar, es un llamado no solo a cierre de filas, sino a que el ejército de operadores electorales, que se supone que Montiel y Hernández heredaron de Alcalde y Andy-no-me-digan-Andy marche de nuevo en las calles. Y si no estuviera listo, y si los diez millones de afiliados fueran un mito, Montiel y Hernández los reclutarán de donde sea.
Quien haya puesto atención advirtió que, al cerrar el mitin, tras despachar a Estados Unidos un no vamos a entregar a nadie porque “vienen por unos, luego por otros hasta que oficinas del Departamento de Justicia se vuelven el principal elector de México”, Claudia activó el modo electoral obradorista. El domingo empezó una campaña permanente donde ella será tan estratega como operadora.
Dotada de leyes que le permiten remover candidaturas o triunfos que no le convengan, coptados los institutos de organización y sanción electoral, echados los jueces al bolsillo de la causa no en abstracto sino en sentencias modosas para los nuestros (cosa que tendrán fácil con una fiscalía desdentada) y remilgosas con los otros, reforzado el frente mediático, y lanzado el partido a la plaza, a la presidenta le quedará aún lo más importante y en lo que tiene experiencia probada.
Abril de 2026 marcó la suerte de Sheinbaum con eventos separados que la llevaron al mismo destino. Estados Unidos, el peor vecino en décadas, a decir verdad, le quiere tripular su sexenio igual o más que a sus antecesores. La presidenta definirá el corpus programático para la campaña permanente que ya inició, y tendrá la disciplina y el coraje encabezarla. Si sale bien o qué costos acarree, eso es otra cosa.
EL PAÍS
