Michael Clark no compró un club de fútbol: compró un relato, un cuento, una imagen. Se presentó como el hincha convertido en salvador, el ingeniero comercial que llegaba a “refundar” a la Universidad de Chile con visión de largo plazo, billetera e ideas propias. Esa narrativa (la del mecenas desinteresado) fue la estantería primera que sostuvo todo lo que vendría después: un tinglado de mentiras, desmentidos, amenazas, ironías y sueños desproporcionados que terminaron convirtiendo a Azul Azul en el peor derrumbe institucional del siglo en la industria futbolera.
Se hizo propietario de la U sin aportar un peso y ocultando el origen de los dineros, para proteger a socios agazapados en las sombras
Michael Clark no compró un club de fútbol: compró un relato, un cuento, una imagen. Se presentó como el hincha convertido en salvador, el ingeniero comercial que llegaba a “refundar” a la Universidad de Chile con visión de largo plazo, billetera e ideas propias. Esa narrativa (la del mecenas desinteresado) fue la estantería primera que sostuvo todo lo que vendría después: un tinglado de mentiras, desmentidos, amenazas, ironías y sueños desproporcionados que terminaron convirtiendo a Azul Azul en el peor derrumbe institucional del siglo en la industria futbolera.
EL PAÍS
