La muerte del mexicano Lorenzo Salgado a manos de la policía migratoria estadounidense (ICE) en Houston, Texas, rodeada una vez más de polémica por la desproporción y la violencia de la actuación policial, ha precipitado por primera vez una respuesta firme y airada del Gobierno de Claudia Sheinbaum. Hasta ahora, el Ejecutivo mexicano se había limitado a las burocráticas quejas formales, por vía de notas diplomáticas, y los frentes abiertos con el vecino del norte se concentraban más en el plano comercial y en la seguridad, con el fantasma de la injerencia en el horizonte. Pero tras la muerte a balazos de Salgado, un trabajador de la construcción que llevaba más de treinta años viviendo en Estados Unidos y que, según el propio ICE, no era el objetivo de la redada, tanto la presidenta como la Cancillería han pasado a la ofensiva, sumando un frente más a la complicada relación con la Administración Trump. Sheinbaum elevó primero el tono hablando de “no permitir el maltrato” y de tomar “acciones legales importantes”. Mientras la Cancillería detalló la batería de medidas jurídicas que, según fuentes de Exteriores, ya está en marcha.
El polémico fallecimiento de Lorenzo Salgado por la excesiva actuación policial marca un punto de inflexión y abre un nuevo frente de tensión en la relación bilateral
La muerte del mexicano Lorenzo Salgado a manos de la policía migratoria estadounidense (ICE) en Houston, Texas, rodeada una vez más de polémica por la desproporción y la violencia de la actuación policial, ha precipitado por primera vez una respuesta firme y airada del Gobierno de Claudia Sheinbaum. Hasta ahora, el Ejecutivo mexicano se había limitado a las burocráticas quejas formales, por vía de notas diplomáticas, y los frentes abiertos con el vecino del norte se concentraban más en el plano comercial y en la seguridad, con el fantasma de la injerencia en el horizonte. Pero tras la muerte a balazos de Salgado, un trabajador de la construcción que llevaba más de treinta años viviendo en Estados Unidos y que, según el propio ICE, no era el objetivo de la redada, tanto la presidenta como la Cancillería han pasado a la ofensiva, sumando un frente más a la complicada relación con la Administración Trump. Sheinbaum elevó primero el tono hablando de “no permitir el maltrato” y de tomar “acciones legales importantes”. Mientras la Cancillería detalló la batería de medidas jurídicas que, según fuentes de Exteriores, ya está en marcha.
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