Guardar bitcoins de forma segura tiene inconvenientes que no suelen presentarse con el dinero convencional. No hay un banco al que llamar si algo sale mal en una transacción, por ejemplo, ni depósitos asegurados por la autoridad de un país. El dinero pertenece a quien tenga la clave secreta que lo controla, y por eso muchos inversores utilizan un pequeño dispositivo conocido como «cartera fría», parecido a una calculadora o a una memoria USB, que genera y guarda esas claves sin conectarse nunca a Internet. La teoría es que si la clave jamás sale del dispositivo, nadie puede robarla desde fuera.
Un fallo oculto durante cinco años en los dispositivos Coldcard, uno de los más recomendados para guardar bitcoins, ha permitido a los ladrones adivinar las claves de sus víctimas. La amenaza sigue activa
Guardar bitcoins de forma segura tiene inconvenientes que no suelen presentarse con el dinero convencional. No hay un banco al que llamar si algo sale mal en una transacción, por ejemplo, ni depósitos asegurados por la autoridad de un país. El dinero pertenece a quien tenga la clave secreta que lo controla, y por eso muchos inversores utilizan un pequeño dispositivo conocido como «cartera fría», parecido a una calculadora o a una memoria USB, que genera y guarda esas claves sin conectarse nunca a Internet. La teoría es que si la clave jamás sale del dispositivo, nadie puede robarla desde fuera.
Esa teoría acaba de venirse abajo de manera estrepitosa. Desde el pasado 30 de julio, un atacante está vaciando las cuentas de miles de usuarios de Coldcard, una de las carteras frías más veneradas entre los inversores de Bitcoin. Según la firma de análisis Galaxy Research, el botín confirmado supera ya los 100 millones de euros en varias oleadas sucesivas de ataques. La amenaza, advierten, sigue activa.
Lo más inquietante es cómo se ha producido. Los ladrones no han robado ningún dispositivo, no han engañado a nadie con correos falsos y no se han infiltrado en ningún servidor. Las carteras de las víctimas podían estar apagadas y guardadas en una caja fuerte y el resultado habría sido el mismo.
Para entender el fallo hay que entender primero qué hace una de estas carteras. El dispositivo genera una especie de contraseña maestra, llamada semilla, que es la que se asocia a los fondos en la cadena pública o «blockchain». Esa semilla debe salir de un generador de números aleatorios con tantas combinaciones posibles que ni todos los ordenadores del planeta, trabajando juntos durante siglos, puedan adivinarla. Toda la seguridad de Bitcoin descansa sobre esa idea. Nadie puede acertar la clave privada que controla cada moneda.
Pero las Coldcard llevaban cinco años sin generar bien ese número aleatorio. Una actualización de su software interno, lanzada en marzo de 2021, desactivó por error el componente del chip encargado de generar azar de verdad. En su lugar, el aparato usaba un sustituto mucho más previsible, construido a partir de datos nada secretos, como el número de serie de su chip o la hora de su reloj interno. El resultado era una semilla que parecía aleatoria pero que era posible adivinar con recursos modestos de computación en pocos minutos.
El atacante que lo descubrió generó millones de claves candidatas, comprobó cuáles tenían dinero asociado y transfirió los fondos. Sólo en los primeros 10 minutos logró robar más de 30 millones de dólares. La mayor cartera vaciada desde entonces tenía 51 bitcoins, más de tres millones de dólares.
El fallo lo destapó el equipo de seguridad de Block y, tras conocerse, Coinkite, la compañía canadiense que fabrica Coldcard, publicó una actualización de emergencia de su software el 31 de julio.
El problema es que actualizar el dispositivo no arregla nada. Las claves creadas durante estos cinco años siguen siendo fáciles de averiguar para siempre. La única solución es crear una cartera nueva desde cero y mover ahí los bitcoin, algo que la propia Coinkite pide hacer de inmediato. La compañía, que primero habló solo de un error que afectaba a algunos modelos, ha acabado admitiendo que todos los dispositivos Coldcard son vulnerables.
Más allá del dinero perdido, este caso ha golpeado donde más duele a la comunidad de Bitcoin. Su mantra favorito durante años ha sido «si no son tus claves, no son tus monedas». Nació tras las quiebras de plataformas como Mt. Gox o FTX y es una filosofía que defiende que cada uno debe custodiar su propio dinero sin confiar en empresas, plataformas de intercambio o bancos. Coldcard era el símbolo de esa filosofía. Sus usuarios más disciplinados, los que en teoría hacen todo bien, han sido los afectados.
«Los últimos tres días han sido de los más duros en la historia de esta empresa y, para muchos de los que leen esto, algo todavía peor«, reconocía Coinkite el domingo en un comunicado. «El dinero que les costó años ahorrar, ha desaparecido. La confianza que costó años construir, está rota«.
Cerca del 90% de los bitcoins robados no se ha movido aún de las direcciones del atacante, están vigilados y sus datos ya están en poder de las autoridades y de varias plataformas de intercambio pero recuperarlos será complicado por la propia naturaleza de las criptomonedas y servicios que permiten mezclar varias monedas para ofuscar la trazabilidad del dinero.
Tecnología – Píxel
