Mucho se ha escrito sobre la captura de Nicolás Maduro, la tutela de Estados Unidos y el ascenso de Delcy Rodríguez… pero un manto de prudencia ha silenciado estos meses la indignación interna del chavismo —sobre todo de los sectores más radicales— al verse sin presidente y sometidos al imperio. El silencio ha transmitido una imagen de unidad en la peor crisis que vive la Revolución bolivariana, hasta que algunas de sus voces más estridentes han desatado estos días una guerra en la que se ha roto el tabú de la traición y del papel de los hermanos Rodríguez en esta nueva era. Mientras los opositores observan el culebrón con regocijo, la pregunta que sobrevuela es si este fuego amigo es solo una polémica efímera de redes o la expresión de un cisma grave en las filas chavistas.
Los más famosos comunicadores de la revolución abren una guerra contra los Rodríguez y siembran dudas sobre la traición. La clave es si se trata de una polémica efímera de redes o el reflejo de un problema para el Gobierno
Mucho se ha escrito sobre la captura de Nicolás Maduro, la tutela de Estados Unidos y el ascenso de Delcy Rodríguez… pero un manto de prudencia ha silenciado estos meses la indignación interna del chavismo —sobre todo de los sectores más radicales— al verse sin presidente y sometidos al imperio. El silencio ha transmitido una imagen de unidad en la peor crisis que vive la Revolución bolivariana, hasta que algunas de sus voces más estridentes han desatado estos días una guerra en la que se ha roto el tabú de la traición y del papel de los hermanos Rodríguez en esta nueva era. Mientras los opositores observan el culebrón con regocijo, la pregunta que sobrevuela es si este fuego amigo es solo una polémica efímera de redes o la expresión de un cisma grave en las filas chavistas.
El disparo más ruidoso lo dio Diego Omar Suárez, conocido como Michelo: un influencer argentino que llegó a Venezuela hace dos años con un traje de robot y luces LED y que encontró en el chavismo una segunda vocación. Con 459.000 seguidores solo en Instagram y un historial que va del baile robótico a la propaganda revolucionaria, Michelo acusó estos días a Delcy Rodríguez de ser una “judas femenina” y responsabilizó a ella y a su hermano Jorge de haber conspirado para entregar a Maduro. “¿Qué harían ustedes si me ven a mí con el jefe de la CIA en Venezuela recibiendo instrucciones, luego de la captura de Maduro?”, preguntó, como si hubiera descubierto algo que los demás prefieren no ver. Su video más viral lo muestra conteniendo las lágrimas: “Mi corazón murió el 3 de enero. Yo amé a Chávez. Yo juré defender a Nicolás Maduro, y me mintieron. No los voy a perdonar nunca”.
Sus cuestionamientos tienen eco entre los chavistas que no entienden —o no aceptan— el pragmatismo de la cúpula del PSUV tras el golpe del 3 de enero. El desconcierto es mayor porque viene de donde viene: hasta Diosdado Cabello, el referente histórico del ala dura, respalda hoy los pasos que se dan de la mano de Washington. Para los fieles de siempre, la imagen resulta difícil de digerir: el FMI de regreso, funcionarios estadounidenses paseándose por Caracas como Pedro por su casa, presos políticos en libertad, reformas que restan poder al círculo de Maduro y Cilia Flores y el enemigo histórico de la revolución marcando el paso desde afuera.
Quien salió a contener el fuego fue Indira Urbaneja (107.000 seguidores en Instagram), comunicadora y analista que en los últimos años ha ido ganando espacio en medios cercanos al gobierno chavista. Aliada de Diosdado Cabello, su respuesta a Michelo sonó, en varios momentos, como la voz oficial de Miraflores: “No puedes estar más enojado que nosotros, muchachito, con lo que ha sucedido en Venezuela. No sabes el sacrificio que hemos hecho acá para tragar arena […] Estamos tragando arena para negociar con el agresor. Delcy, Jorge y Diosdado bien pudieran haberse ido a un exilio dorado, y haber entregado todo”.
Urbaneja insinuó además que Michelo era uno de los influencers que habría estado cobrando 5.000 dólares al mes por hacer propaganda durante el gobierno de Maduro —no es la única que habla de un respaldo económico detrás de su campaña—, y de paso metió a un tercer contendiente de peso en el ring: “Si hubieran entregado todo, Mario Silva no estaría hablando ni haciendo críticas: estaría preso”.

La irrupción de Mario Silva subió el tono otro escalón. Silva es un viejo conocido de la opinión pública venezolana: durante años condujo La Hojilla, el programa de medianoche en la estatal VTV en el que se hacía picadillo a la oposición —sin miramientos y con un lenguaje a veces muy procaz— y se ejercía una defensa a ultranza de Hugo Chávez, con quien Silva tenía trato personal. Muy poderoso en aquella época, fue perdiendo tribuna con Maduro y desde 2013 migró a redes sociales y emisoras amigas. Era un personaje temido, pero desde el 3 de enero parece haber sido directamente arrinconado: su programa salió de la señal de Venezuela News y, según denunció él mismo, le retiraron la escolta de seguridad.
Silva respondió a Urbaneja con el clasicismo del cuadro revolucionario: “En 2018, yo no estaba en Washington, como tú, haciendo lobby. Estaba aquí, defendiendo la Revolución Bolivariana. El 3 de enero fui a mi puesto de combate a cumplir con mi deber. Te voy a responder como decía el comandante Chávez: ‘Águila no caza mosca”. Con 241.000 seguidores en Instagram, Silva lleva semanas mostrando su malestar y, en los últimos días, ha denunciado que la cúpula le “arrebató el poder al pueblo”. En una carta abierta a Cabello, advirtió incluso de que si la dirección no corrige el rumbo, “podrían generarse escenarios de conflicto interno; incluso una rebelión popular”.
Por fin, una cuarta contendiente se sumó este martes a la pelea. La diputada chavista Iris Varela negó que hubiera traición contra Maduro y arremetió contra quienes lo afirman: “Cuando yo sé que bombardearon a mi patria el 3 de enero… ¿Voy a venir yo a darle la razón al enemigo? ¿O es que no saben quién es el enemigo todavía?”.
La guerra ha incendiado las redes, pero ¿hay detrás de todo esto un malestar profundo que amenace la estabilidad o no hay que tomarse este culebrón demasiado en serio? Un observador privilegiado de la política venezolana lo sitúa más cerca del ruido que de la crisis. Esta “guerra de opinadores”, dice, canaliza el malestar del segmento más duro del chavismo ante la narrativa de que los Rodríguez se “vendieron” al no confrontar al imperio, pero ninguno de estos personajes tiene el respaldo suficiente para generar un quiebre real. “El caso de Michelo, incluso con posible financiamiento informal, huele más a oportunismo que a maquinaria”, sentencia.
Eso no significa que el malestar sea ficticio y la polémica hace daño a la imagen del chavismo y rompe la imagen de unidad. “Muchos activistas del chavismo originario se han distanciado del gobierno, antes de Delcy incluso”, cuenta un militante comunicacional que prefiere el anonimato. “Hay gente a la que le molesta la tecnocracia, los rostros nuevos del gabinete. Se ha borrado el legado de Chávez. Se tiende a olvidar al mismo Maduro”.
Tras unos días de fuego cruzado, el ruido parece volver a apagarse y Michelo publicó un (inesperado) mensaje de apoyo a Delcy Rodríguez —“no crean que ella entregó a Maduro y Cilia junto con la soberanía de Venezuela”—. La telenovela aparentemente llega a su fin, pero esta guerra 2.0 no deja de ser un recordatorio de que el nuevo chavismo, el que intenta sobrevivir después del 3 de enero, no solo tiene que conocer a sus enemigos. Sobre todo, no puede perder de vista a sus supuestos amigos.
EL PAÍS
