Hay una vieja sentencia hecha en Colombia que puede resumirnos las elecciones presidenciales de ayer: la frase “esto es lo que hay”. Que es una manera desafiante –o sea, una manera paradójica– de encogerse de hombros. Y es la explicación que tantos se daban, con la boca abierta, mientras la admirable Registraduría Nacional revelaba a mil por hora los resultados de las votaciones: “Esto es lo que hay”. ¿Qué significa que De la Espriella le haya ganado a Cepeda por menos del uno por ciento de los votos? ¿Qué quiere decirnos ese 12.959.542 versus 12.708.712, tan estrecho, después de meses y meses de disonancias cognitivas y suspensiones de la incredulidad? ¿Es aterrador o alentador? ¿Es una oportunidad o una debacle? ¿Es señal de sanidad o de locura? ¿Es el retrato de otro país partido por la mitad? Por lo pronto, es lo que hay.
Venga lo que venga, hoy, lunes 22 de junio de 2026, podría decirse que esto es lo que hay: un presidente electo que se apoda “el Tigre” a punto de hacer el empalme con un presidente saliente que se llama a sí mismo “el Jaguar”
Hay una vieja sentencia hecha en Colombia que puede resumirnos las elecciones presidenciales de ayer: la frase “esto es lo que hay”. Que es una manera desafiante –o sea, una manera paradójica– de encogerse de hombros. Y es la explicación que tantos se daban, con la boca abierta, mientras la admirable Registraduría Nacional revelaba a mil por hora los resultados de las votaciones: “Esto es lo que hay”. ¿Qué significa que De la Espriella le haya ganado a Cepeda por menos del uno por ciento de los votos? ¿Qué quiere decirnos ese 12.959.542 versus 12.708.712, tan estrecho, después de meses y meses de disonancias cognitivas y suspensiones de la incredulidad? ¿Es aterrador o alentador? ¿Es una oportunidad o una debacle? ¿Es señal de sanidad o de locura? ¿Es el retrato de otro país partido por la mitad? Por lo pronto, es lo que hay.
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