Alexis Valdés lleva más de veinte años sin poder entrar a Cuba, pero en el escenario del Teatro Trail de la Calle Ocho de Miami, el humorista ha reconstruido con sus personajes, conflictos y nostalgias el país al que no puede regresar. “Un exiliado es diferente de un desterrado”, explica Valdés (La Habana, 1963) durante una entrevista con EL PAÍS en la sala de su casa, en el suroeste de Miami.
El actor, que tiene prohibido entrar a su país desde hace más de 20 años, habla del auge del teatro en el exilio de Miami, las deportaciones de Trump y el futuro de la Cuba democrática
Alexis Valdés lleva más de veinte años sin poder entrar a Cuba, pero en el escenario del Teatro Trail de la Calle Ocho de Miami, el humorista ha reconstruido con sus personajes, conflictos y nostalgias el país al que no puede regresar. “Un exiliado es diferente de un desterrado”, explica Valdés (La Habana, 1963) durante una entrevista con EL PAÍS en la sala de su casa, en el suroeste de Miami.
Rodeado de libros, con una camisa de flores, gafas estilo John Lennon y un sombrero de fedora, Valdés es elocuente y de risa fácil, gesticula con elegancia y cierra las ideas como si bajara el telón.
“Un exiliado es alguien que está en un país que no es el suyo, pero que puede en determinado momento volver. En el caso mío y de algunos artistas, como pasó con Celia Cruz, Arturo Sandoval y muchos otros, es un destierro porque no te dejan regresar. Yo no puedo entrar en Cuba desde el 2005”, afirma. Las autoridades cubanas nunca le explicaron formalmente la razón, aunque sospecha que podría deberse a un chiste sobre Raúl Castro. “Los poderes absolutos no admiten el humor, ni el cuestionamiento”, sostiene.
La prohibición, sin embargo, no ha apartado a Cuba de su vida ni su obra, sino todo lo contrario. “Yo siempre estoy en Cuba, con la música, los recuerdos, con todo lo que escribo. Está ahí metida la infancia. Como decía Machado, mi patria es mi infancia. Si conservas eso, sigues conservando tu patria”.
En el teatro de Miami, el artista ha construido una Cuba de ficción donde el público se reencuentra con su idiosincrasia, sus códigos y vicisitudes, con actores cubanos emigrados que reconocen de la televisión de la isla, y donde a través del humor se discute el exilio, la política y el futuro de la nación.
Este verano, Valdés regresa con su saga más exitosa, Oficialmente gay 4, subtitulada “El fin de la dictadura”, una comedia que imagina a los cubanos ante una transición democrática y la duda inmensa de qué hacer con la libertad, después de más de seis décadas de Gobierno totalitario.
“No es solo tener la libertad; es qué vas a hacer con ella, con la oportunidad”, dice Valdés. “Hay que ver si cuando llega la democracia realmente te quieres comportar como un demócrata o entonces quieres imponer las ideas tuyas. Por la historia reciente de Cuba, estos sesenta y pico de años, muchos se quedaron con la idea de un pensamiento único. No sé si los cubanos estamos claros en qué cosa es de verdad la democracia”.
La primera parte de Oficialmente gay, de 2014, sigue a un cubano machista obligado a fingir que es homosexual para conseguir un cargo estatal. Fue “de cierta manera la obra que reactivó el teatro en Miami”, opina Valdés. “Pensamos que duraría 15 días y duró dos años”.

El éxito ayudó al Teatro Trail, que atravesaba entonces una situación incierta, a salir a flote, y “como es una obra digerible, popular, divertida”, atrajo a un público que no tenía el hábito de asistir a una sala. “Mucha gente me dijo: ‘Primera vez que vengo a un teatro en mi vida”.
También fue una especie de salvavidas profesional para muchos actores cubanos exiliados. Sobrevivir de la actuación en Miami “es muy difícil”, apunta Valdés.
De La Habana a Miami pasando por Barcelona
Hijo del actor y humorista Leonel Valdés, Alexis estudió ingeniería, pero trabajó durante casi una década en la radio, la televisión y el teatro en la isla antes de emigrar a España en los noventa. Allí participó en El club de la comedia y en la histórica producción de Àngels a Amèrica que inauguró el Teatre Nacional de Catalunya. “En Cuba aprendí la pasión, el amor”, dice; Barcelona terminó de pulir su formación.
Después de escribir, dirigir y protagonizar la cinta Un rey en La Habana en 2005, se instaló en Miami. En 2008 estrenó Esta Noche Tu Night y, al terminar su contrato con Mega TV en 2013, concentró su carrera en el teatro y en escribir, dirigir y producir sus propias comedias. Durante la pandemia escribió Esperanza, incluido por el papa Francisco en Soñemos juntos, y en 2022 publicó las memorias El miedo nos hizo fuertes.
Valdés ha criticado durante años al Gobierno cubano a través de sus parodias y canciones, como Cuba, muévete, “una tonada a mi gente, ya cansada, de ese vivir sin vivir”, que luego llama al despertar, unirse y salir “a la calle”.

La crítica se hizo más directa a raíz del Movimiento San Isidro, especialmente inspirado por Luis Manuel Otero Alcántara, a quien describe como “muy luminoso, con gran carisma y encanto”. “Que ese tipo de gente esté presa es lo peor que le puede pasar a una sociedad”, afirma.
En febrero de 2021, denunció ante el Parlamento Europeo que en Cuba “los hombres y mujeres honestos que salen a la calle a gritar la verdad dentro de la isla son perseguidos, difamados, torturados, ultrajados, encarcelados”. Cuando estallaron las protestas del 11 de julio de hace cinco años, sintió “una esperanza de que podía haber un cambio significativo”, y “cuando lo ahogaron, sentí una gran frustración, una gran decepción”.
También expresa desencanto con “la politiquería” del exilio. “Tanta gente tratando de hacerse rico, medrar con el sufrimiento de los cubanos, vendiéndose como figuras políticas, mesiánicas, pero que ves que se están enriqueciendo, evidentemente, que es algo para mí vergonzoso”.
“¿Qué le pasa a Donald Trump?”
Desde su hogar en Florida, le ha tocado ver con sus propios ojos las consecuencias de la ofensiva antiinmigrante lanzada por el Gobierno de Donald Trump, una maquinaria que ha cargado con su propia comunidad. Valdés dice que el miedo a las autoridades migratorias en Miami se percibe también en “la afluencia de público. Te lo dicen los dueños de los clubs, de los bares, de los lugares de espectáculo. Esa gente que a lo mejor iba un sábado a ver un show, ya no va”.
“Hay gente que tiene mucho miedo porque vendió su casa, todo lo que tenía y vino para este país y no tiene a dónde volver. Esa gente debe vivir una vida terrible. Con una preocupación, una angustia constante. Y ahí hay una doble moral, porque si le dices a la gente: ‘Esa sociedad no sirve, ese país no sirve’, ¿cómo lo vas a mandar para allá?”, se pregunta sobre las deportaciones de cubanos a la isla.
“Si tantos cubanos votaron por Trump, no he entendido cómo Trump hace esa ofensiva hacia los cubanos y hacia los venezolanos”, reflexiona. Tampoco comprende que quienes llegaron años atrás miren ahora a los recién llegados como inferiores y hayan olvidado “la compasión que querían para ellos”.
Durante el primer mandato de Trump, Valdés se preguntaba en una canción: “¿Qué le pasa a Donald Trump, que se quiere pelear con los latinos?”. “Esta segunda vez lo ha hecho mucho peor”, sostiene. “A mí nunca me gustó Trump. No me gusta en general la gente con ideas radicales, ni de derecha ni de izquierda. No me gustaba en Cuba y me fui de Cuba, entonces no voy a aplaudirlo fuera de Cuba. Tengo amigos que votaron a Trump y hoy en día me dicen que se arrepienten“, agrega.
El futuro de Cuba
Mientras Trump amenaza con “tomar” Cuba, Valdés dice que el futuro de la isla debería decidirlo “la nación cubana”: los de dentro y los de fuera, y cree que Estados Unidos puede ayudar y catalizar el proceso, aunque tiene reservas “de si al final primará lo bueno para la gente o lo bueno para el dinero”.
“Todos los cubanos tienen algo que aportar en un cambio. Los de fuera han aprendido muchas cosas. Y evidentemente Estados Unidos, que es la gran potencia del mundo y que está cerca de Cuba, tiene una influencia significativa y puede ayudar de manera tremenda a catalizar y monitorear ese proceso. Creo que debe ser así porque los cubanos solos no pueden. Los cubanos no tienen el control militar, no tienen el control de nada”.
Confía en que, si se produce un cambio en el Gobierno de la isla, hay un tipo de cubano que servirá en la reconstrucción. “El cubano trabajador que quiere una vida mejor, que es dedicado a su trabajo, a su profesión, a su familia. Es cariñoso, decente, simpático. Que todavía intenta acceder a un poco más de cultura, de información. Ese cubano es el que puede mejorar Cuba. Y es el que será más difícil recuperar, porque ha pasado mucho tiempo, muchos años de la exaltación de la mediocridad, del que baja la cabeza, de la brutalidad por encima del ser humano bueno y decente y noble”, asegura.
Por su parte, asegura que regresaría “siempre” a Cuba. “Ese es mi país. Y si pudiera aportar algo, ahí estaría. Esa base que yo saqué de Cuba me permitió que me fuera bien en España y en otros lugares. Pues yo tengo que devolverle, aportar a la gente lo que he aprendido, con la mayor nobleza posible”.
Aun así, no sabe si está preparado para encontrarse con la isla ahora, “en su peor momento. Creo que me impactaría negativamente. Pero a lo mejor te encuentras con los amigos, te cuentan tres historias, dos abrazos y no lo pasas tan mal. No lo sé. Pero la Cuba que me cuentan no es la que quiero ver”.
EL PAÍS
