Si se cumple lo que dicen las últimas encuestas, Colombia parece lista para elegir dentro de una semana la propuesta de gobierno más retardataria y peligrosa de la historia reciente. Más grave todavía que la propuesta es el personaje en el cual han decidido confiar los colombianos: un abogado de mafiosos y estafadores, una caricatura del más grotesco machismo latinoamericano, un violento de palabra que ha amedrentado como ha podido a los periodistas críticos y ha amenazado con “destripar” a los oponentes. Desde luego que también es un arribista un poco ridículo, pero eso en realidad importa poco; más importante es el oportunismo risible de este personaje que ayer se declaraba ateo y hoy llora en las iglesias, que ayer defendía la adopción gay y hoy lanza comentarios homófobos: porque se ha dado cuenta, con mucha astucia, de que en este país no hay forma del desprecio que no gane votos. Abelardo De la Espriella nos ha sugerido en todos los tonos que eso de los derechos civiles y las libertades individuales no es cosa que le inquiete; que eso de la desigualdad social o de la construcción de un país más solidario no va con él.
Si se cumple lo que dicen las últimas encuestas, Colombia parece lista para elegir dentro de una semana la propuesta de gobierno más retardataria y peligrosa de la historia reciente
Si se cumple lo que dicen las últimas encuestas, Colombia parece lista para elegir dentro de una semana la propuesta de gobierno más retardataria y peligrosa de la historia reciente. Más grave todavía que la propuesta es el personaje en el cual han decidido confiar los colombianos: un abogado de mafiosos y estafadores, una caricatura del más grotesco machismo latinoamericano, un violento de palabra que ha amedrentado como ha podido a los periodistas críticos y ha amenazado con “destripar” a los oponentes. Desde luego que también es un arribista un poco ridículo, pero eso en realidad importa poco; más importante es el oportunismo risible de este personaje que ayer se declaraba ateo y hoy llora en las iglesias, que ayer defendía la adopción gay y hoy lanza comentarios homófobos: porque se ha dado cuenta, con mucha astucia, de que en este país no hay forma del desprecio que no gane votos. Abelardo De la Espriella nos ha sugerido en todos los tonos que eso de los derechos civiles y las libertades individuales no es cosa que le inquiete; que eso de la desigualdad social o de la construcción de un país más solidario no va con él.
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