Luis Rafael Moreira Flores Colaborador Representantes laborales se pronuncian bajo la consigna “Cuatro días sí; once horas no”, manifestando su rotundo rechazo a la propuesta gubernamental de reorganización de la jornada laboral. La iniciativa estatal busca implantar un esquema de cuatro días de trabajo con once horas diarias y tres días de descanso semanal. Frente …
La entrada Sectores laborales y profesionales rechazan modelo de 11 horas diarias aparece primero en Diario Co Latino. Luis Rafael Moreira Flores Colaborador Representantes laborales se pronuncian bajo la consigna “Cuatro días sí; once horas no”, manifestando su rotundo rechazo a la propuesta gubernamental de reorganización de la jornada laboral. La iniciativa estatal busca implantar un esquema de cuatro días de trabajo con once horas diarias y tres días de descanso semanal. Frente …
La entrada Sectores laborales y profesionales rechazan modelo de 11 horas diarias aparece primero en Diario Co Latino.
Compartir
Luis Rafael Moreira Flores
Colaborador
Representantes laborales se pronuncian bajo la consigna “Cuatro días sí; once horas no”, manifestando su rotundo rechazo a la propuesta gubernamental de reorganización de la jornada laboral. La iniciativa estatal busca implantar un esquema de cuatro días de trabajo con once horas diarias y tres días de descanso semanal. Frente a ello, las agrupaciones demandan una reducción real de la carga horaria a 40 horas semanales sin reducción de salarios, incrementos salariales dignos, el cese de los despidos injustificados y el respeto irrestricto a la libertad sindical y a los contratos colectivos.
Las ocho horas como conquista
Durante su intervención, Ovidio Hernández, en representación de la Mesa Permanente por la Justicia Laboral, enmarcó la coyuntura actual dentro de la memoria histórica de las luchas obreras internacionales. Hernández recordó que la delimitación del tiempo de trabajo ha sido una bandera fundamental desde 1817, cuando el pensador Robert Owen acuñó el principio de dividir el día en partes iguales: ocho horas de trabajo, ocho horas de recreación y ocho horas de descanso (8+8+8).
Esta reivindicación histórica fue asumida posteriormente por la Asociación Internacional de Trabajadores en el Congreso de Ginebra de 1866, donde se estableció que limitar la jornada diaria era una condición vital indispensable para la recuperación física, el desarrollo intelectual, la participación política y el libre desenvolvimiento social de la clase trabajadora.
“Las ocho horas no fueron una concesión ni un regalo; fueron una conquista del movimiento obrero internacional”, enfatizó Hernández. El vocero recordó pasajes trágicos y determinantes como las movilizaciones de Chicago en 1886, así como la posterior promulgación del primer Convenio de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) en 1919, el cual fijó como estándar global el límite de ocho horas diarias y 40 a 48 horas semanales.
En su análisis, Hernández desmitificó el discurso que equipara la propuesta gubernamental salvadoreña con las experiencias de modernización laboral aplicadas en Europa. Hizo una distinción categórica entre lo que significa “reducir” la jornada y lo que implica simplemente “comprimirla”.
El vocero citó el caso de Portugal, donde se implementó un proyecto piloto que redujo de manera efectiva el tiempo total de trabajo semanal —de un promedio de 39.3 a 34 horas— manteniendo intactos los salarios. Dicha prueba demostró mejoras sustanciales en la salud mental, la prevención del agotamiento laboral (burnout) y la conciliación entre la vida familiar y profesional. Del mismo modo, analizó el modelo de Bélgica, el cual permite concentrar horas en cuatro días, pero bajo estrictos mecanismos de voluntariedad, salvaguardas legales y concertación social.
En contraste, la propuesta planteada para El Salvador —cuatro días de once horas diarias— suma un total de 44 horas semanales. Por ende, no existe una disminución del tiempo efectivo de trabajo, sino una concentración extrema del esfuerzo humano en jornadas extenuantes que sobrepasan la resistencia física y emocional del trabajador.
Impacto en la salud, la vida familiar y la precarización social
Por su parte, Rafael Paz Narváez, representante del Movimiento Universitario de Pensamiento Crítico, reflexionó sobre el impacto humano de someter a la población a jornadas de once horas consecutivas. Paz Narváez advirtió que la vida de una persona no puede reducirse exclusivamente a la producción económica.
Al sumar las once horas de trabajo efectivo con los tiempos requeridos para el transporte público —a menudo colapsado—, la preparación personal y la alimentación, la jornada laboral consume la totalidad del tiempo activo del individuo.
Esta situación afecta con especial gravedad a quienes realizan trabajos de alto esfuerzo físico, labores de atención continua, sector industrial, seguridad privada, servicios de salud, comercio y a las mujeres trabajadoras, sobre quienes recae desproporcionadamente la carga no remunerada del trabajo doméstico y de cuidados.
Paz Narváez citó las advertencias de la OIT en materia de salud ocupacional, donde se señala que las jornadas prolongadas elevan drásticamente los niveles de fatiga, previenen la recuperación fisiológica y multiplican los riesgos de accidentes laborales.
Asimismo, el académico remarcó el aspecto legal: la Constitución salvadoreña contempla un máximo de ocho horas para la jornada ordinaria diurna y un techo de 44 horas semanales. Mantener el límite semanal desatendiendo el límite diario viola el espíritu garantista de la Carta Magna.
El análisis de Paz Narváez profundizó también en la compleja realidad sociolaboral del país. La reestructuración de la jornada se propone en un contexto de constantes denuncias por despidos masivos en el sector público, supresión de plazas, incumplimiento de escalafones y persecución a la organización sindical.
A este respecto, se resaltó que el Comité de Libertad Sindical de la OIT mantiene abierto el Caso 3472 contra El Salvador, relativo a alegaciones de destituciones antisindicales de dirigentes públicos e injerencias estatales.
Diversas organizaciones defensoras de derechos humanos han contabilizado miles de plazas eliminadas en los últimos años, configurando un patrón de debilitamiento institucional de la negociación colectiva.
Cinco propuestas fundamentales para una reforma integral
Finalmente, Teresita Hernández, integrante de la Mesa Permanente por la Justicia Laboral, presentó el pliego de propuestas que el movimiento social demanda para modernizar verdaderamente el marco laboral del país sin retroceder en conquistas históricas.
El comunicado de las organizaciones exige pasar gradualmente de las 44 horas actuales a una semana máxima de 40 horas sin reducción salarial, aprovechando los incrementos de productividad; implementar una política sostenida de recuperación del poder adquisitivo real, calculando el salario mínimo en función de una vida digna integral.
Asimismo, frenar los despidos arbitrarios, respetar los contratos colectivos firmados y dar cumplimiento estricto a las leyes de escalafón; asegurar el libre derecho de organización sin represalias, condicionando cualquier reforma laboral al consenso con sindicatos independientes. Y, finalmente, reestructurar el sistema previsional para ampliar la cobertura y anteponer la seguridad social de la clase trabajadora por encima del lucro financiero.
Hernández concluyó enfatizando que los avances tecnológicos, la digitalización y la automatización deben traducirse en un beneficio social directo: trabajar menos horas, percibir salarios superiores y disponer de tiempo libre para el descanso, la cultura y la vida familiar.
Así mismo las organizaciones hicieron un llamado para que los sectores sindicales y gremiales acompañen la marcha del 15 de septiembre, convocada por el Bloque de Resistencia y Rebeldía Popular.
Nacionales archivos – Diario Co Latino
