Gabriel Hernández (nombre ficticio) nunca se imaginó confrontar a un soldado de manera pública. Décadas de vida en las faldas de la Sierra Madre Occidental, en la frontera de Sinaloa y Durango, moldearon su modo sereno. Aunque el narcotráfico formaba parte del paisaje serrano, nunca necesitó endurecer su carácter. La “maña”, o el narco, siempre estuvo ahí, pero no trastocaba la vida cotidiana. “Don Mayo compraba la goma [de opio], todo compraba y ayudaba a la sierra”, recuerda. Pero la guerra intestina entre los clanes criminales Guzmán y Zambada ha obligado a Hernández y familia a abandonar su tierra en varias ocasiones. En una de esas, frente a decenas de familias desplazadas viviendo en un barrio de invasión en Villa Unión, un oficial del Ejército preguntó si alguien tenía queja alguna. “Acá ustedes [el Ejército] haciéndose pendejos en la calle y nosotros allá, en la Sierra, perdiendo nuestro patrimonio”, le disputó Hernández. “La impotencia, el coraje, la pinche necesidad, me llevaron a hablar”, recordó tiempo después.
Ni militarizar la seguridad ni descabezar cárteles basta para desmontar el crimen organizado
Gabriel Hernández (nombre ficticio) nunca se imaginó confrontar a un soldado de manera pública. Décadas de vida en las faldas de la Sierra Madre Occidental, en la frontera de Sinaloa y Durango, moldearon su modo sereno. Aunque el narcotráfico formaba parte del paisaje serrano, nunca necesitó endurecer su carácter. La “maña”, o el narco, siempre estuvo ahí, pero no trastocaba la vida cotidiana. “Don Mayo compraba la goma [de opio], todo compraba y ayudaba a la sierra”, recuerda. Pero la guerra intestina entre los clanes criminales Guzmán y Zambada ha obligado a Hernández y familia a abandonar su tierra en varias ocasiones. En una de esas, frente a decenas de familias desplazadas viviendo en un barrio de invasión en Villa Unión, un oficial del Ejército preguntó si alguien tenía queja alguna. “Acá ustedes [el Ejército] haciéndose pendejos en la calle y nosotros allá, en la Sierra, perdiendo nuestro patrimonio”, le disputó Hernández. “La impotencia, el coraje, la pinche necesidad, me llevaron a hablar”, recordó tiempo después.
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