El diputado Jaime Araya, independiente-PPD, cayó en dos de los errores más básicos que puede cometer un político: revelar sus cartas antes de tiempo y hacer una amenaza que no podía cumplir. Su “tsunami de indicaciones” al proyecto de “Reconstrucción nacional” del Gobierno no se tradujo en una ofensiva coordinada contra el Ejecutivo. Fue más una bravuconada de quien necesita de lenguaje fuerte en ausencia de alternativas. La izquierda, con representación significativa en el Congreso, ve cómo se le escapa la manija del debate legislativo. Ese peso se ha ido desplazando hacia el Partido de la Gente (PDG).
El PDG, sin tener un núcleo ideológico radicalmente distinto al del Gobierno de Kast, se tomó el espacio opositor con cierta eficacia, y no es descartable que lo siga haciendo mientras no cambien las condiciones
El diputado Jaime Araya, independiente-PPD, cayó en dos de los errores más básicos que puede cometer un político: revelar sus cartas antes de tiempo y hacer una amenaza que no podía cumplir. Su “tsunami de indicaciones” al proyecto de “Reconstrucción nacional” del Gobierno no se tradujo en una ofensiva coordinada contra el Ejecutivo. Fue más una bravuconada de quien necesita de lenguaje fuerte en ausencia de alternativas. La izquierda, con representación significativa en el Congreso, ve cómo se le escapa la manija del debate legislativo. Ese peso se ha ido desplazando hacia el Partido de la Gente (PDG).
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