La sorpresa fue mayor para Camila Riquelme, encargada del Área de Museología y Museografía del Museo Claudio Arrau León en Chillán, una ciudad ubicada a unos 400 kilómetros de Santiago, en la región de Ñuble. Era de noche, en el invierno de 2023. Había sido una larga jornada de trabajo pero, aun así, seguía revisando con afán una de las centenas de cajas que contienen más de 5.900 partituras, entre ellas de Beethoven y Lizt con las que estudiaba de niño el pianista chileno Claudio Arrau (Chillán, 1903; Mürzzuschlag, Austria, 1991), reconocido como uno de los mejores intérpretes del siglo XX. De pronto abrió una de ellas y, entre las carpetas, en la número 300, bajo el logo de “Autores desconocidos”, halló una serie de papeles amarillentos por el paso del tiempo, hasta que vio unas partituras escritas con lápiz de mina, algunas a medio terminar. Una de ellas llevaba por título Vals de la señora graciosa. Luego encontró Mi gata, La madre y el niño, Mi primera composición y Mazurca para piano. Riquelme quedó helada, con el corazón latiendo fuerte, pues creyó reconocer que esa letra infantil la había visto antes: era de Arrau niño. “Estaban todas juntas. Recuerdo que lloré de emoción. Hasta ahora no se conocía ninguna composición suya; nunca las mencionó. Él entregó su vida a la interpretación”, dice a EL PAÍS.
El Museo Claudio Arrau rescata las partituras de uno de los principales intérpretes del siglo XX, entre ellas ‘Vals para la señora graciosa’, ‘Mi gata’ y ‘La madre y el niño’, creadas cuando el artista tenía unos ocho años. Es primera vez que se conocen obras de su autoría
La sorpresa fue mayor para Camila Riquelme, encargada del Área de Museología y Museografía del Museo Claudio Arrau León en Chillán, una ciudad ubicada a unos 400 kilómetros de Santiago, en la región de Ñuble. Era de noche, en el invierno de 2023. Había sido una larga jornada de trabajo pero, aun así, seguía revisando con afán una de las centenas de cajas que contienen más de 5.900 partituras, entre ellas de Beethoven y Lizt con las que estudiaba de niño el pianista chileno Claudio Arrau (Chillán, 1903; Mürzzuschlag, Austria, 1991), reconocido como uno de los mejores intérpretes del siglo XX. De pronto abrió una de ellas y, entre las carpetas, en la número 300, bajo el logo de “Autores desconocidos”, halló una serie de papeles amarillentos por el paso del tiempo, hasta que vio unas partituras escritas con lápiz de mina, algunas a medio terminar. Una de ellas llevaba por título Vals de la señora graciosa. Luego encontró Mi gata, La madre y el niño, Mi primera composición y Mazurca para piano. Riquelme quedó helada, con el corazón latiendo fuerte, pues creyó reconocer que esa letra infantil la había visto antes: era de Arrau niño. “Estaban todas juntas. Recuerdo que lloré de emoción. Hasta ahora no se conocía ninguna composición suya; nunca las mencionó. Él entregó su vida a la interpretación”, dice a EL PAÍS.
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