La guerra contra “la casta política” y “la moral como política de Estado” son los estandartes discursivos que llevaron a Javier Milei a la Casa Rosada y legitimaron su programa de ajuste y desregulación económica de Argentina. Pero, a casi dos años y medio de gestión, las banderas que el presidente ultra sigue haciendo flamear aparecen mancilladas por múltiples denuncias de corrupción que le involucran tanto a él mismo como a su entorno más cercano, asimilando a su Gobierno con la denostada casta. La gran mayoría de los sondeos de opinión pública coinciden en que, durante el primer cuatrimestre de este año, se expandió la imagen negativa de Milei en todo el país y aumentó también la preocupación social por la corrupción, junto a un creciente malestar por los problemas económicos: la inflación persiste; los salarios no alcanzan.
Las denuncias y las investigaciones judiciales sobre presuntas irregularidades en la Administración jaquean las promesas de renovación política del presidente ultra
La guerra contra “la casta política” y “la moral como política de Estado” son los estandartes discursivos que llevaron a Javier Milei a la Casa Rosada y legitimaron su programa de ajuste y desregulación económica de Argentina. Pero, a casi dos años y medio de gestión, las banderas que el presidente ultra sigue haciendo flamear aparecen mancilladas por múltiples denuncias de corrupción que le involucran tanto a él mismo como a su entorno más cercano, asimilando a su Gobierno con la denostada casta. La gran mayoría de los sondeos de opinión pública coinciden en que, durante el primer cuatrimestre de este año, se expandió la imagen negativa de Milei en todo el país y aumentó también la preocupación social por la corrupción, junto a un creciente malestar por los problemas económicos: la inflación persiste; los salarios no alcanzan.
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