Para 1988, cuando Alejandro San Francisco (Santiago, 56 años) entró a estudiar Derecho en el Campus Oriente de la Pontificia Universidad Católica de Chile, el hoy presidente José Antonio Kast ya estaba en quinto año. Así las cosas, no conoció muy de cerca al entonces dirigente del Movimiento Gremial de la UC, fundado en 1967 por Jaime Guzmán, alumno y luego profesor de la misma carrera, así como fundador, en 1983, de la Unión Demócrata Independiente (UDI).
El investigador de la Universidad de Tarapacá, exasesor en el primer Gobierno de Piñera, se apronta a publicar un libro acerca del mandatario entrante, en quien ve encarnado un desafío de la derecha: “Entender al pueblo”
Para 1988, cuando Alejandro San Francisco (Santiago, 56 años) entró a estudiar Derecho en el Campus Oriente de la Pontificia Universidad Católica de Chile, el hoy presidente José Antonio Kast ya estaba en quinto año. Así las cosas, no conoció muy de cerca al entonces dirigente del Movimiento Gremial de la UC, fundado en 1967 por Jaime Guzmán, alumno y luego profesor de la misma carrera, así como fundador, en 1983, de la Unión Demócrata Independiente (UDI).
Unos años después, alguien pudo haber dicho que la carrera política del primero pintaba más auspiciosa que la del segundo, pues mientras Kast fue derrotado cuando se candidateó a presidir la federación estudiantil (FEUC) en 1987, San Francisco llegó a encabezarla en 1994, un buen tiempo después de que abandonara Derecho para estudiar Historia. Pero mientras este último no convirtió su breve paso por el gremialismo en una militancia en la UDI, el descendiente de alemanes fue electo en 2001 diputado por dicha fuerza política, a la que renunciaría en 2016 para fundar —en 2019 y a la derecha de la UDI— el Partido Republicano, con el que llegó a La Moneda en su tercer intento.
Sin embargo, en el último tiempo el historiador ha tenido al político más cerca: en mayo próximo, el investigador de la Universidad de Tarapacá y asesor del Ministerio de Educación en el primer Gobierno de Sebastián Piñera, publicará un libro —“un ensayo histórico-político”— sobre la trayectoria del hoy mandatario, entre cuyos insumos se cuentan conversaciones entre ambos. A modo de aperitivo, ya circula restringidamente un volumen de 65 páginas que lleva por título José Antonio Kast. El fin es un comienzo, publicado por Ediciones El Líbero, sello del medio digital homónimo en que San Francisco publica sus columnas de opinión.
De ahí que el autor de La guerra civil de 1891 se permita abordar la historia en gerundio, cuestión periodísticamente útil cuando el Gobierno de Kast se esmera en arrancar a toda orquesta. En ese plan recibe a EL PAÍS en su departamento del piso 22 de un edificio que mira al precordillerano cerro Alvarado, al oriente de la capital chilena.
Un camino que toma San Francisco es el de explicar al personaje a partir de sus singularidades. Por ejemplo, cuando afirma que el rector universitario y columnista Carlos Peña no yerra mucho cuando acusa la falta de espesor intelectual del nuevo presidente, su “rara virtud de no expresar ideas”. Eso sí, antes se explica.

Kast, cuenta, “me dijo en una entrevista, ‘yo soy simple: soy simple desde chico, desde niño. Soy simple con las cosas del campo, en mi vida diaria, en mi forma de ser (…) Y me preocupa que haya seguridad y que haya trabajo, que son cosas simples’. Y él mismo ha llegado a la convicción de que no es de grandes ideas. Por eso no va en la línea de Patricio Aylwin o Ricardo Lagos y va más en la de Eduardo Frei Ruiz-Tagle, que es un ingeniero -y diré la misma palabra- simple, claro, que dice que hay que hacer concesiones para que el transporte funcione mejor”.
Por todo lo anterior, piensa que Peña “tiene algo de razón” con Kast, pero que “en parte, también, se equivoca de personaje”.
Si le preguntan por etiquetas, dirá: “Para mí, Kast es una persona de derecha”. Y luego validará lo de “nueva derecha”, que el propio Kast ha usado, pero que presenta un inconveniente: es “menos nueva que la de Johannes Kaiser [líder del Partido Nacional Libertario y candidato presidencial en 2025], que sería la nueva nueva derecha”. Kast, añade, “está alineado en el mundo con la nueva derecha, que algunos llaman extrema derecha o ultraderecha. Y no creo que sea iliberal: para mí, está claramente dentro de los cánones liberales”. Queda dispuesto, eso sí, a que esto mismo “lo podamos conversar en cuatro años más”, cuando termine el actual período presidencial.
Otros rasgos del personaje le parecerán, en cualquier caso, más decidores. Para comenzar, piensa que la clave para entenderlo a él y a su recién estrenado Gabinete, donde los militantes de partidos son franca minoría, no está donde se cree.
“Algunos se preguntaban si este iba a ser un Gobierno del Partido Republicano”, dice. “Otros, ya que en la segunda vuelta [presidencial de 2025] se sumaron Chile Vamos y otras fuerzas, que iba a ser un Gobierno de la coalición del rechazo [en el plebiscito constitucional de 2022], o de la centroderecha. Yo creo que este es un Gabinete de Kast y que este es un Gobierno de Kast, en el sentido de que él estuvo ocho años de candidato y pudo pensar mucho en cómo elaborar su proyecto. Lo hizo solo y cuesta arriba. Y cree en los partidos políticos, ha estado en dos, pero claramente no cree en el Gobierno de partido, y en esto está alineado también con la voluntad de la mayoría de la población, que tiene una pésima opinión de los partidos”.
Dicho lo anterior, se detiene en dos temas que entrañan “un potencial riesgo”. El primero es la ausencia de los nacional libertarios en el Gobierno. Ahí, estima, “puede haber un flanco, que es la perforación por la derecha que sufrió Sebastián Piñera por parte del propio Kast y que [ahora] es un riesgo más grande que la oposición del Socialismo Democrático o de la izquierda más dura”.
Otra potencial amenaza es la “subrepresentación de los partidos”, que también puede considerarse una “sobrerrepresentación de los independientes”. Esto no le parece mal, pues “la mayoría de la sociedad chilena es independiente”. Sin embargo, “cuando se hace política de largo plazo hay que entender que es bueno que exista el partido fuerte. No creo que sea algo por lo que [Kast] esté sufriendo ahora, pero puede ser un problema”.
Por último, y en contra de quienes ven a un presidente en sintonía con los grandes poderes del país, piensa San Francisco que Kast es otra cosa, y no sólo porque ha visitado todas las comunas chilenas excepto Juan Fernández. Ese ser distinto, a su juicio, supone el gran desafío de la derecha si quiere ser competitiva políticamente: la “penetración popular, la capacidad de entender al pueblo”.
Para el historiador, Kast “lo entiende claramente, y eso marca una diferencia, no solo en la derecha, sino también respecto de la izquierda”.
EL PAÍS
