El London Eye avanzó 205 centímetros impulsado por un taladro inalámbrico Parkside, la marca de herramientas que comercializa Lidl. El desplazamiento, aparentemente insignificante frente a los 135 metros de altura de la noria londinense, bastó para superar con amplitud los 50 centímetros exigidos por Guinness World Records y certificar el récord.
Según las condiciones fijadas por Guinness, la única fuente motriz durante el intento debía ser el taladro
El London Eye avanzó 205 centímetros impulsado por un taladro inalámbrico Parkside, la marca de herramientas que comercializa Lidl. El desplazamiento, aparentemente insignificante frente a los 135 metros de altura de la noria londinense, bastó para superar con amplitud los 50 centímetros exigidos por Guinness World Records y certificar el récord.
El intento se desarrolló bajo la supervisión de un representante del libro Guinness de los récords, encargado de comprobar que la estructura permanecía completamente detenida antes de comenzar y que el movimiento procedía exclusivamente del taladro y de su batería. Las normas obligaban a mantener inmóvil el London Eye durante al menos 30 segundos antes de liberar los frenos y dar la señal de salida.
La herramienta no se conectó directamente al eje de la noria. Los técnicos diseñaron un sistema de ruedas de fricción que trasladó el giro del taladro al gran aro exterior del London Eye. La enorme diferencia entre el diámetro de ambas ruedas funcionó como una reductora: el taladro giraba rápidamente mientras la estructura avanzaba muy despacio, intercambiando velocidad por capacidad de arrastre.
El principio era similar al de una bicicleta cuando se utiliza la marcha más corta para subir una cuesta. El ciclista necesita dar muchas más pedaladas y avanza con lentitud, pero puede vencer una resistencia mayor. En este caso, la pequeña rueda conectada al taladro tuvo que completar numerosas vueltas para desplazar apenas unos centímetros la gigantesca circunferencia.
Antes del intento, el sistema hidráulico que mueve habitualmente el London Eye quedó desacoplado y colocado en una suerte de punto muerto. De este modo, el taladro no tuvo que enfrentarse también a la resistencia de los motores y mecanismos originales de la atracción. Una vez realizadas las comprobaciones técnicas, se liberaron los frenos y comenzó el desplazamiento.
El montaje incluyó además vigas de acero, cuatro puntos de anclaje, poleas y un cabrestante instalados sobre la estructura. Estos elementos sirvieron para sujetar el dispositivo, mantener las ruedas en contacto con el aro y transmitir las fuerzas, pero no podían aportar energía propia. Según las condiciones fijadas por Guinness, la única fuente motriz durante el intento debía ser el taladro.
Un representante de Guinness World Records explicó antes de la prueba que no le constaba un precedente idéntico en el que una herramienta de estas características hubiera movido una construcción tan reconocible como el London Eye. La organización había recibido la propuesta de los promotores y establecido posteriormente los requisitos técnicos para homologarla.
Entre ellos figuraban que la rueda tuviera un diámetro exterior mínimo de 50 metros, que partiera desde una posición de completo reposo y que recorriera al menos medio metro. El London Eye terminó cuadruplicando esa distancia mínima al avanzar 2,05 metros antes de detenerse.
Tecnología – Píxel

